Golpecitos ligeros con las yemas para activar la circulación. Simple, gratuito y agradable; modesto en resultados.
El tapping facial consiste en dar golpecitos suaves y rítmicos con las yemas de los dedos sobre el rostro, siguiendo zonas y, en algunas escuelas, puntos de acupresión. Estimula la microcirculación superficial y produce una activación sensorial agradable. Es la técnica más simple de todas: no requiere herramientas ni productos, y su principal mérito es lo fácil que es incorporarla a la rutina diaria.
A diario, mañana o noche, como parte de la rutina de aplicación de productos. Es más un hábito que un tratamiento.
Evítalo sobre brotes activos o piel irritada. La presión debe ser mínima: si la piel queda roja o caliente, te has pasado. No esperes cambios estructurales; su aporte es circulatorio y sensorial.
Sí: todo el mundo, como complemento diario y gratuito. No: como técnica principal si buscas drenaje profundo o relajación intensa.