Los tres tipos principales
Las manchas solares (lentigos) aparecen en zonas expuestas tras años de sol. El melasma son placas simétricas ligadas a hormonas y sol, más comunes en mujeres. Y la hiperpigmentación postinflamatoria es la marca oscura que deja un grano, una herida o un eccema. Cada una responde a estrategias distintas, y tratar un melasma como si fuera una marca de acné puede empeorarlo.
Los ingredientes con evidencia
Los despigmentantes tópicos con más datos son la vitamina C, la niacinamida, el ácido azelaico y los retinoides, usados de forma sostenida durante meses. Los exfoliantes suaves ayudan a renovar la superficie. Ninguno borra una mancha en semanas: el plazo realista es de tres a seis meses, y en el melasma, el control es el objetivo más que la desaparición total.
El paso sin el que nada funciona
Tratar manchas sin protección solar diaria estricta es como fregar con el grifo abierto: la radiación UV estimula la producción de melanina y deshace el progreso. Protector de amplio espectro cada mañana, reaplicado si hay exposición, es la medida que decide si el resto del tratamiento sirve de algo. En melasma, además, los protectores con color añaden defensa frente a la luz visible.
Cuándo necesitas un dermatólogo
Si una mancha cambia de forma, color o tamaño, sangra o tiene bordes irregulares, la revisión no es opcional: es dermatología, no cosmética. También conviene consultar si el melasma es extenso, si las manchas no responden tras seis meses de rutina constante, o si quieres valorar opciones profesionales como peelings o láser.
Recuerda: esto es información divulgativa, no un consejo médico individual. Si tienes una lesión que cambia, sangra o no mejora, la siguiente parada es dermatología.